Fr. Emilio Suárez Corujo nació en Caborana de Aller, Asturias, el 25 de octubre de 1939. Fue el menor de los 7 hijos de José y Dolores, una familia vinculada a la minería del carbón. En su adolescencia se incorpora a la escuela apostólica de los dominicos en el monasterio de Corias, muy cerca de Cangas del Narcea. Terminados sus estudios, decide incorporarse a la orden dominicana e inicia su noviciado en Palencia a finales de agosto de 1958.
Su etapa de formación le lleva a los conventos de Las Caldas de Besaya en Cantabria y San Esteban de Salamanca para completar respectivamente los estudios de filosofía y teología. El 19 de diciembre de 1965, tan solo unos días después de la clausura del Concilio Vaticano II, recibe en Salamanca su ordenación sacerdotal.
En 1967, Fr. Emilio es destinado a la muy reciente presencia del Albergue de S. Martín de Porres, en el barrio de Carabanchel, en Madrid. En lo que en aquel entonces era un asentamiento chabolista y un entorno de marginalidad, Fr. Emilio comienza sus primeros contactos de actividad pastoral en medios populares, que alterna con estudios en el Instituto de pastoral de CONFER. En 1970 se incorpora a la comunidad de Ntra. Sra. de Atocha de Madrid para desde allí completar sus estudios en Sociología. Tras unos meses en Toulousse (Francia) llega en 1973 a la recién creada comunidad de dominicos de Vigo, junto a su compañero Juan José.
En esta ciudad se habían establecido en octubre de 1971 Fr. Aniano Gutiérrez y Fr. Manuel Sordo, para dar respuesta a la solicitud del Obispo diocesano de crear una comunidad religiosa en el naciente barrio de Coia. A este barrio llegaban entonces personas procedentes fundamentalmente del interior de Galicia para alimentar con mano de obra la industria naval y automovilística. Los cuatro frailes y una pequeña comunidad de dominicas de la Anunciata comienzan entonces su tarea de ir construyendo la comunidad cristiana del Cristo de la Victoria.
Desde el comienzo se hace evidente para aquellos frailes la necesidad de ir articulando también una comunidad humana capaz de congregar a personas de tan diversas procedencias. Nuestro barrio carecía entonces de los mínimos equipamientos urbanísticos, educativos o culturales. Coia necesitaba poner datos y cifras a la situación de precariedad en la que sus vecinos vivían. Coia necesitaba un sociólogo. Emilio, ya incorporado al Gabinete de Sociología de Cáritas diocesana comienza, con el auxilio de personas de la parroquia una ardua labor de diseñar y llevar a cabo distintos estudios sectoriales sobre la situación social de nuestro barrio: entre otros, estudios sobre la situación de la mujer y sobre las necesidades en materia de centros educativos. Pero no se trataba únicamente de un empeño erudito destinado al conocimiento. Con cada estudio, Emilio animó la creación de plataformas que se convirtiesen en auténticos espacios reivindicativos y de transformación. Así nacen la Asociación de Mulleres Dorna, el Centro Cultural Rueiro, la Asociación Xuvenil o el Movimiento Cidadán.
Esta actividad social la compaginó con otra de sus grandes pasiones: la docencia. Emilio fue profesor de muchos de los actuales pastores de la Diócesis de Tui-Vigo. En el Seminario Mayor S. José de Vigo, impartió la asignatura de Sociología desde 1991 hasta el 2004. Fueron años de efervescencia creativa y de numerosas reivindicaciones sociales: saneamiento, semáforos, centros educativos, espacios verdes y de convivencia. Con el lema de “A Bouza é nosa” se llevó a cabo la más larga y ambiciosa de todas ellas: arrancar a la especulación inmobiliaria un espacio verde para el disfrute vecinal. Siguieron muchas otras: la Plaza del Pueblo, la Bouza Sur … Y en todo ello Emilio aparecía a la cabeza con un liderazgo moral indiscutible. Alentando, sosteniendo, inculcando en todos una “mística de la resistencia”.
Cuando en 2015 Emilio recibió el título de “Vigués Distinguido” se mencionaba expresamente “su trabajo durante años en defensa del derecho a vivir dignamente, siempre al lado de aquellas personas que están padeciendo más cruelmente los efectos de la crisis económica y la exclusión social».
Y todo esto sin descuidar la atención a la parroquia. Cientos de niños, jóvenes y adultos crecían colectivamente en la fe desde las claves de compromiso y comunidad que Emilio insistía en cultivar. Comunidades cristianas populares y comprometidas empeñadas en hacer del Evangelio de Jesús de Nazaret una herramienta de trasformación personal y social.
Durante los más de 50 años de presencia en este barrio Emilio se fue convirtiendo para todos en referencia de honestidad, valentía e irreductibilidad. Orgulloso de compartir amistad y lucha con instituciones, movimientos sociales y políticos tradicionalmente alejados de la Iglesia, quienes en Emilio supieron reconocer siempre un compañero de camino y acaso descubrir el verdadero rostro del Evangelio.
En el periodo postpandémico, cuando su memoria comenzó a dar signos de agotamiento, Emilio – aún consciente de su limitación- continuó manteniendo su actividad en cuanto le era posible. No dejó de acompañar a las comunidades cristianas, de participar de las celebraciones…
A principios de Junio, en la Asamblea Parroquial, Emilio nos dio su última lección poniendo palabras al sentimiento de debilidad que la enfermedad de Alzhéimer le provocaba. Como siempre su pesar era no poder ayudar más, animar más, reconocer mejor a aquellos a quienes había entregado la vida.
Damos gracias a Dios por la vida de Emilio y por la ingente semilla del Reino que supo sembrar en este pequeño rincón del mundo. A él debemos gran parte de lo que somos y de las opciones de vida que hemos hecho, sin Emilio la historia de nuestro barrio hubiera sido otra.
Fr. Juan Antonio Terrón Blanco, O.P. (Párroco del Santísimo Cristo de la Victoria de Vigo)
Adxuntamos a continuación algunhas imaxes do seu funeral: