Crise social: repaso breve dos paradigmas sociais e do aumento das desigualdades

Achegamos o texto da participación de Ruth López, compañeira de Baladre, na II edición da Escola Ramón Fernández Durán.

Crise social: repaso breve dos paradigmas sociais e do aumento das desigualdades. Posibles futuros

Para todas aquellas personas que aun no se han hecho   consientes de que vivir en sociedades heteropatriarcales y capitalistas, implica cumplir una serie de requisitos imprescindibles para estar integradas en el sistema; tengo una mala noticia que comunicaros: si tú, no eres un hombre blanco, joven (de alrededor de 30/40 años, como mucho), heterosexual, con formación académica y trabajo estable (ya sea de staff de una gran empresa o como emprendedor autónomo), con patrimonio propio (ya sea heredado o producto de un amplio colchón familiar), sin ningún tipo de diversidad funcional (esto incluye: taras físicas, psíquicas, gordura y pelo) y, por supuesto con las tareas de la reproducción resueltas de manera invisible.

Todas las que no nos encontremos dentro de estos parámetros, imprescindibles para la supervivencia en un mundo altamente competitivo y machista, SOMOS PERSONAS EXCLUIDAS. De modo, que ya podemos empezar a buscar formas de auto organización y de lucha contra la EXCLUSION SOCIAL.

Ahora bien, cuando hablamos de "las más excluidas" (entre las cuales, ni nos consideramos ni nos incluimos), probablemente estemos haciendo referencia a personas con grandes dificultades para el sostenimiento de la vida a todos los niveles, es decir, con muy poco o ningún grado de autonomía personal y sin ninguna salida a nivel individual. Ya sea en el ámbito económico, social/relacional, político, laboral, cultural, socio-sanitario-higiénico,etc.

Hablamos de personas con la salud mental muy, muy deterioradas, probablemente por haber pasado por altos niveles de dependencia a sustancias: alcohólicas y químicas (legales o ilegales), con largos periodos de privación de libertad (ya sea en la cárcel o viviendo en la calle) y seguramente además, con todos y un montón más de factores combinados en relación al género, la sexualidad, la etnia, la pobreza heredada, la procedencia, y un largo etc. de formas de violencia sistémica.

Sin embargo, entre una y otra situación de exclusión social, existe una multitud de casuísticas,propiciadas, impulsadas y auspiciadas por el capitalismo heteropatriarcal que se van gestionando como un producto de las propias dinámicas económicas y sociales:

- de acumulación/apropiación de todos los recursos
- de acumulación/centralización del poder y el aumento del control social,

y como algo inevitable (a diferencia de la versión socialdemócrata del mismo capitalismo). Ante esta miseria generada por el propio sistema capitalista se plantea una gestión del conflicto mediante:

1. La criminalización y estigmatización: ya sea de las personas empobrecidas, de la disidencia política, del civismo,... Se nos responsabiliza a cada una, individualmente, de problemas estructurales. A través de la represión administrativa y judicial; de culpabilizar a cada una de nosotras por las desigualdades y la injusticia socioeconómica generadas por el capitalismo heteropatriarcal. Se nos va clasificando en diferentes categorías de “desestructuradas sociales” para “vigilar y castigar”, en lugar de (como diría Ramón) las “formas de dominación dulce”, el famoso “parcheo”, de las políticas reformistas y los estados del bienestar socialdemócratas.

2. El condicionamiento de las ayudas sociales a la sumisión al trabajo precario. A través de programas de workfare y de planes de trabajo nos vemos sujetas, encadenadas a una espiral meritocrática, megacompetitiva e hiperburocratizada. El objetivo prioritario de las personas precarizadas es responder fielmente a las necesidades del mercado. Con la excusa de que no nos convirtamos en gente vaga, dependientes de las ayudas sociales y parásitas de las contribuyentes que pagan sus impuestos para que otras nos llevemos el “pastel”.

3. La delegación en la filantropía privada y en la caridad, el estado social se desmantela a golpe de privatización, destruyendo el discurso de los derechos sociales y convirtiéndonos, a las personas empobrecidas, en peregrinas de la miseria, que pasamos el tiempo entre trámites burocráticos para acreditar los requisitos exigidos que nos van a facilitar reunir cantidades ínfimas de dinero para la supervivencia.

Mientras se construye todo el negocio de la gestión de la pobreza: cárceles, comedores sociales, vales de comida y recogidas de alimentos en las grandes superficies, cámaras en las calles, policía, seguridad privada, educadoras sociales, trabajadoras sociales, psiquiatras y psicólogas, mas farmacéuticas, más alcohol barato,...

Si nos quedamos en el mito de la pertenencia a las "amplias clases medias" reforzamos la estigmatización de las formas de pobreza consideradas marginales. Cuando se afirma que la crisis ha afectado a las "clases medias" se potencia la alterización de "las pobres de siempre" o de las personas con trayectorias vitales no vinculadas a experiencias laborales frustradas por la crisis. El capitalismo muta, pero nosotras no podremos convertirnos en el hombre blanco joven y exitoso del que hablábamos al principio.

Los movimientos que reaccionan ante el austericidio desde una autoconcepción de clase media no han sido capaces de evidenciar los objetivos comunes entre sus luchas y las de quienes somos marginadas del sistema de relaciones socioeconómica y marginadas de las propias luchas sociales. Una de las causas es que la propia izquierda heredera del movimiento obrero comparte los estereotipos sobre las "clases peligrosas" (encarnadas en inmigrantes, personas sin hogar, jóvenes sin estudios ni empleo...) que levantan fronteras entre las luchas consideradas legítimas y las luchas marginales.

Hay que ser capaces de comunicar que la pobreza es una causa del propio capitalismo heteropatriarcal. Que la mayor parte de la humanidad somos personas excluidas, por eso, el empobrecimiento o la exclusión social no debe ser algo que se viva individualmente y con vergüenza.

Hay que ser imaginativas para generar espacios de autoorganización y de protección comunitaria que permitan la militancia y la lucha a pesar de la fuerte presión que recibimos para someternos al trabajo precario.

Igual que se recuperó un cierto orgullo y se desplazó la "culpa" de los desahucios a través de las afectadas por las hipotecas, tal y como cada semana, las gentes de Berri-Otxoak salen a la calle a denunciar la falta de derechos sociales en sus múltiples violaciones sistemáticas,... porqué no hablamos de afectadas por la explotación y la precariedad, por los abusos de los servicios sociales, por los lanzamientos por impago de alquiler, por la falta de acceso a actividades culturales y de ocio, por la gratuidad del transporte, por la dignidad en la alimentación y en la salud sociosanitaria...

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Bibliografía:

• “Repensar la ciudad desde la perspectiva feminista”. Col∙lectiu Punt 6. Blanca Gutiérrez­Valdivia, Zaida Muxí, Adriana Ciocoletto. Publicado en Diagonal Periódico 03/02/2015

• “Participación ciudadana y emancipación social” de Carlos Pereda (Colectivo Ioé)www.colectivoioe.org URL: http://www.nodo50.org/ioe/ bajo licencia Creative Commons ver http://creativecommons.org/licenses/by–nc–nd/2.0

• “¿A quién beneficia el racismo y la xenofobia? Difama que algo queda”. Ametz Taberna. Angulaberria.info

• FERNÁNDEZ DURÁN, R., Capitalismo (financiero) global y guerra permanente. El dólar, Wall Street y la guerra contra Irak, Virus, Madrid, 2003

• Foucault, Michel, Vigilar y castigar. Madrid: Siglo XXI Editores, 1986.

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